de perlas y peces


homilia de 17o domingo del tiempo ordinario, 30 de julio 2017
Diacano John Coe, Diócese de Lexington

Pido la ayuda de Vds. con un consejo que alguien me pidió.  No se preocupen, no es nadie que Vds. conocen.  Una mujer joven tiene un novio, y realmente no sabe qué debe hacer.  Ella es muy pero muy enamorada de su novio.  Otra persona quizás diría que él no es nada especial; pero ella lo quiere mucho.

Él solo viene a visitar a ella una vez a la semana.  Bueno, la verdad es que a veces ni llega.  Igual, ella siempre prepara una comida muy especial.  A veces él llega justo en tiempo para comer; o come y sale sin despedirse.  La verdad es que a él no le gusta escuchar todo las historias de la familia de su novia.  Pues, él dice que es un hombre muy ocupado, y siempre tiene otras cosas más importantes que hacer.  

Cuando viene su novio casi siempre tiene la cara larga; como si no tiene ganas de estar con ella; como si fuera una obligación.  Pero cuando hay fiesta, como en la Noche Buena,  él siempre viene, y trae a algunos amigos; y busca el mejor asiento.

Otro que eso, él casi nunca llama a su novia.  Bueno, a veces sí; a veces llama durante la semana para pedir algo.  Cuando tiene problemas con su auto, o necesita dinero para gasolina, ella recibe una llamada de el.  Y ella siempre lo escucha, y hace lo que puede por su bien.  

Durante los años de su relación, ella ha sentido abandonada por él unas cuantas veces, cuando él había desaparecido de su vida sin explicación por largos tiempos.  Pero ella siempre lo ha recibido de vuelta con los brazos abiertos.  Por lo general, el regresa cuando hay una fiesta con buena comida; o cuando su vida se ha hecho pedazos.

Entonces, ¿Qué piensan Vds.?  ¿Como debo aconsejarla?  ¿Hay futuro en esta relación?  ¿Debe seguir con ese novio?  

¿Quien piensa que ella debe seguir con el?  

Quien piensa que le debe dejar, que no hay futuro en esa relación?  

Esta mujer tiene nombre.  Se llama Perla.  Pero la verdad es que no hablo de una mujer.  Perdoname por la confusión.  Hablo de la perla de gran precio, la misma de que habla Jesús en la parábola que encontramos en el Evangelio según san Mateo.  La perla tan valiosa, que cuando el comerciante de perlas finas la encuentra, va y vende cuanto tiene y la compra.  La perla de que hablo, y de que Jesús habla, es el Reino de los cielos.

Y “el novio” somos nosotros.  Jesús nos ha entregado el Reino de los Cielos; que es decir, a Dios mismo.  Y Dios está contento que estamos todos en la mesa.  Aún si llegamos tarde.  Aún si estamos de vuelta después de una ausencia.  Aún si estamos aburridos, o si lo vemos solo como una obligación.  Aún si no estamos alegres, y aun si tenemos las caras largas.  Lo importante es que estamos aquí.

Dios que nos ama tanto, que debemos sentir pura alegría.  Alegría, aun cuando tenemos penas en nuestras vidas, porque es en él que encontramos nuestro refugio y consolación en medio de nuestras tristezas.  La respuesta más natural es querer amarlo de vuelta.

La mejor respuesta a ese amor es la imitación de Jesús.  En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda que Dios quiere ". . . que reproduzcamos en nosotros mismos la imagen de su propio Hijo.... "  Quiere que nosotros también seamos perlas de gran precio.  Quiere que nosotros seguimos el ejemplo de Jesús: con un amor inclusivo, con un amor que invita a todo el mundo, sin juzgar a nadie.

Por eso, Jesús nos cuenta otra parábola.  Jesús dijo que el Reino de los cielos parece “a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces.”  Asi es nuestra iglesia.  Nosotros somos toda clase de peces.  ¿Cual pez eres tu?  Creo que yo soy un pez gato.  Los peces gatos son bien flojos, quizás los más flojos de todos los peces.  Siempre nadan lentamente, y escondidos en el fondo del río.  Prefieren no llamar atención a sí mismos.  

No importa que clase de peces somos, porque las redes del Señor recogen a todos.  Asi, como él, nosotros debemos ser más inclusivos.  Si alguien se queda fuera, hay que seguir echando las redes.

La vida de Jesús nos muestra algo muy diferente a lo que encontramos en los valores del mundo.  Se encuentra en los márgenes.  Jesús manda a sus discípulos en misión a los que nadie quiere.  Nosotros podemos encontrar Jesús en los pobres, en los forasteros, en los inmigrantes -- con o sin papeles.  Jesús se preocupa de las personas condenadas por la sociedad, o excluidas por las autoridades religiosas.  

Nosotros solo tenemos que preocuparnos de hacer espacio en la red para todos, especialmente para los que nosotros pensamos que no pertenecen -- porque son ellos que nos pueden ayudar en nuestros peregrinajes de fe.

En este momento, en esta hora, en este dia de nuestras vidas estamos exactamente donde debemos estar.  Estamos donde Dios nos va a encontrar.  Si tenemos los corazones abiertos podemos recibir el amor de Dios, y sentir la misión personal que tiene para cada uno de nosotros.  Quédate siempre con él, con Dios, con la persona que más te quiere en todo el universo.
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